En medicina ortomolecular, ciertas vitaminas y minerales cumplen un papel protagónico por su impacto directo en procesos celulares clave: la vitamina C, el complejo B, el magnesio, el zinc y el selenio son algunos de los micronutrientes más utilizados para corregir deficiencias, reforzar el sistema inmune y mejorar la energía y el estado de ánimo.
Vitamina C: mucho más que un antigripal
Además de su conocido papel inmunológico, la vitamina C es un potente antioxidante y un cofactor esencial en la síntesis de colágeno. En dosis terapéuticas, administrada por vía intravenosa bajo supervisión médica, se utiliza como apoyo en procesos de fatiga, recuperación y salud de la piel.
Complejo B: energía y sistema nervioso
- B1, B2, B3: fundamentales en la producción de energía celular
- B6: interviene en la síntesis de neurotransmisores relacionados con el ánimo
- B9 (ácido fólico) y B12: esenciales para la formación de glóbulos rojos y el sistema nervioso
Las deficiencias de vitamina B, especialmente B12, son frecuentes en personas con dietas restrictivas, adultos mayores y pacientes con trastornos digestivos, y suelen manifestarse como fatiga, falta de concentración o irritabilidad.
Magnesio: el mineral del descanso y la relajación muscular
Interviene en más de 300 reacciones enzimáticas del cuerpo. Su déficit se asocia a calambres, tensión muscular, ansiedad y dificultad para conciliar el sueño, por lo que suele incluirse en protocolos de manejo del estrés.
Zinc y selenio: defensas altas
- El zinc participa en la respuesta inmune y en la cicatrización de heridas
- El selenio actúa como antioxidante y apoya el correcto funcionamiento de la tiroides
¿Cómo saber qué necesita mi cuerpo?
La suplementación sin diagnóstico previo puede ser inefectiva o incluso contraproducente. Lo recomendable es realizar un análisis bioquímico completo que identifique carencias reales, para diseñar un plan de suplementación personalizado y seguro, supervisado por un profesional de la salud.